DE REINAS

Dicen algunos libros muy serios que fueron magos.
Otros dicen que eran reyes.
Pero esta es una historia distinta, contada bajito, para las niñas que saben escuchar.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando el mundo aún aprendía a respirar, no llegaron tres hombres… llegaron tres mujeres sabias. Venían del Oriente, que no siempre es un lugar en el mapa, sino un lugar del corazón donde vive el conocimiento antiguo.

No llevaban coronas ni capas brillantes. Llevaban manos atentas, ojos curiosos y una memoria llena de historias. No gobernaban países, cuidaban equilibrios. Eran guardianas de la tierra, del cielo y de todo lo que late entre ambos.

La primera conocía el fuego bueno.

No el que quema sin pensar, sino el que calienta, transforma y acompaña. Sabía de plantas, resinas y aromas. Encendía pequeños fuegos para sanar y despedir con amor.


La segunda miraba el cielo como quien lee un cuento.

Veía estrellas reflejadas en los ríos y sabía que el tiempo se mueve, cambia y vuelve a empezar. Fue ella quien entendió que algo nuevo estaba naciendo en el mundo.Llevó oro, no para hacerlo rico, sino para recordarle su valor.

La tercera hablaba con las plantas.

Conocía raíces que curan, hojas que consuelan y perfumes que alivian el dolor. Había acompañado nacimientos y despedidas, y sabía que la vida es valiente aunque a veces duela.

Ella llevó mirra, porque sabía una verdad importante: amar también es sentir.

Con los años, sus nombres se borraron.

Algunos hombres decidieron cambiarlas por reyes y esconder su sabiduría bajo barbas y coronas.
Pero ellas nunca se fueron del todo.

Siguen apareciendo cada vez que una niña mira las estrellas y hace preguntas.
Cada vez que alguien cuida una planta, prepara una infusión, enciende una vela para acompañar o dice una palabra que abraza.

Y tú, niña que lees esto,
cuando escuchas, cuidas, imaginas y sanas,
cuando usas tus manos y tu corazón para hacer del mundo un lugar más amable,
también caminas con ellas.

Porque las guardianas del tiempo no vienen una sola vez.
Vuelven cada vez que el mundo necesita renacer.


                                                                                    Natalia Lázaro

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