SUMERGIDOS EN EL SILENCIO
Durante mis sesiones de Educación Emocional, la técnica que más utilizamos es el círculo de diálogo, y en ellos como por arte de magia, casi siempre todos los corazones quedamos sincronizados, creando un espacio seguro de respeto y calma, y es ahí dónde la magia sucede.
Como una especie de caja de pandora, comienzan a surgir como globos de helio, emociones que llevan tiempo sin hablarse.
Emociones no escuchadas, reprimidas, tapadas, seguramente por el dolor que ocasionan a quién las nombra y seguramente también escondidas para no ocasionar dolor a quién las escucha.
Sin embargo, en nuestra rueda de escucha atenta, salen de las profundidades a tomar un poco de aire.
Como si de repente, ese espacio se convirtiera en una bombona de oxígeno que los ayuda a aliviar tanto ahogo.
Uno de los temas que más surgen es la muerte. La muerte de un abuelo, una abuela, una mascota y a veces las más dolorosas una madre o un padre.
La muerte sigue siendo un tema que nos provoca mucho respeto, preferimos esquivar momentos incómodos dejando así a nuestra infancia sumergida en el silencio.
Cuando hablamos de la muerte, se provoca un efecto contagio, como un dominó donde empiezan a caer las piezas una a una, y acabamos todos con lágrimas en los ojos, soltando la muerte de todos nuestros seres queridos, al final nos abrazamos y sabemos que la vida continúa.
Esos días vuelvo a casa con un peso muy grande, que generalmente me llevan a dormir una siesta eterna, pero me siento con el compromiso moral de acompañar a los más pequeños a salir de las profundidades silenciosas. Nuestros niños y nuestras niñas necesitan hablar, expresar, sentir, pensar, reflexionar, gritar y llorar lo que sienten.
La muerte sigue siendo un tabú porque los adultos no pensamos en ella como la otra cara de la vida. No hay vida sin muerte, ni muerte sin vida, es el proceso de todos los seres que habitan en este planeta. Sin embargo la tenemos anulada y preferimos no integrarla en nuestra realidad.
La muerte está hí, esperándonos. Si esta afirmación la tuviéramos más presente, cuánto más apreciaríamos la vida, cuánto para agradecer, para vivir, para sentir, para abrazar.
La muerte nos muestra la belleza del día a día, de las personas que nos acompañan en este tránsito efímero que es la vida.
Y sí planteáramos la vida desde la muerte?
No cambiaría la perspectiva de nuestras aventuras diarias?
La vida es maravillosa y la muerte solo es el proceso donde esta experiencia terrenal cierra su ciclo, aún así no sabemos que hay luego, que ciclo se abre, qué pasa con nuestra energía.... Abriría otro círculo de diálogo para escuchar las maravillosas ideas que los infantes tienen sobre este tema.
Las emociones no pueden sumergirse en el silencio, ni los pensamientos, ni las sensaciones de nuestro cuerpo, generemos espacios de oxígenos para que nuestras niñas y niños respiren la voluntad de expresar lo que hay en su corazón, que sean libres de hablar de todo lo que necesitan para que puedan vivir una vida en plenitud, con la mente y el corazón abierto.
Necesitamos una generación que limpie y sane sus traumas, que puedan entender a los demás desde una empatía verdadera que camine hacia la compasión que este mundo necesita, para todo lo demás ya tienen ChatGPT.
Natalia Lázaro

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