VIOLENCIA SILENCIOSA
Hola, soy Natalia y he decidido compartir en estas entradas de blog, algunas de mis vivencias y reflexiones que surgen de mi día a día laboral, con el fin de reflexionar para una sociedad libre de prejuicios y abiertos a una conciencia y respeto por la infancia.
He nacido, crecido y vivido en ambientes donde la mirada hacia la infancia siempre fue adultocéntrica, esto quiere decir, que el adulto siempre estaba antes de las necesidades de los niños y las niñas. De esto han pasado ya 50 años, pero para mi desconcierto, veo que la evolución adultocéntrica ha ido
in crescendo.
Sobre todo, sabiendo que hoy en día, año 2025, hay muchísima más información y ayudas de todo tipo para poder informarnos y formarnos en esta tarea que es ser familia.
Decidí que esta entrada se llame violencia silenciosa, para tomar conciencia de todas las veces que tomamos acciones para con nuestros hijos, hijas y alumnos, no teniendo en cuenta sus necesidades y sobre todo las necesidades del ambiente o los entornos donde ellos se desarrollan, crecen, aprenden , socializan y se hacen personas. Ese lugar maravilloso que les da la oportunidad de conocerse y generar vínculos que muchas veces servirán para el desarrollo de su personalidad: LA ESCUELA.
Todos y todas llevamos con nosotros una mochila y no precisamente en la que ponemos la merienda, el agua o algún libro. Llevamos la más pesada de todas, la mochila de nuestra historia, desde allí, vamos sacando todos nuestros aprendizajes, valores y patrones recibidos en nuestros hogares y desde esa mochila nos relacionamos con el mundo. Es decir que dentro de las aulas nos encontramos con más de 20 mochilas cargadas y nos relacionamos todos desde miles de perspectivas a la hora de ver una misma realidad.
Dentro de los grupos, dado que estas miradas son tan diferentes, evidentemente surgen conflictos, diferentes maneras de ver una misma situación y por suerte y vaya a saber Dios, por qué magia de la vida, suelen ser menos de los esperados. Los conflictos casi siempre se resuelven. Pero me encuentro muchas veces, que una vez resueltos en el ámbito escolar y con la reflexión hecha dentro del aula, las familias siguen atadas a esas mochilas, a esas miradas que solo cargan la pesadez de nuestros patrones, sin poder mirar que todos llevamos una en nuestra espalda.
Cuando escucho en las puertas, comentarios como:
Si te pega, tú se la devuelves.
Si no quiere ser tu amiga, tú no le hables, o pedir a profesores que alejen a la niña o al niño de determinado compañero, para que no estén cerca. Sí familias, esto es violencia invisible.
Cuando un niño pega, es violento, o tiene dificultades, es porque precisamente la mochila que carga es demasiado pesada y no saber qué hacer con ella.
Hay niños y niñas que sufren y padecen el no haber desarrollado ciertas habilidades esperadas para su edad, cuando nos cruzamos con estos niños y niñas parece que nos sentimos interpelados frente a nuestra falta de formación y es por eso que la mayoría de personas reaccionan a través del enfado, la negación y el querer que estas personas no aparezcan en el escenario de la vida de sus hijos e hijas. Una vez más familias, esto es violencia invisible, porque les enseñamos a nuestros benjamines a negar y rechazar lo que es diferente, excluyendo al más necesitado.
Pero hay una y en este tipo de violencia quiero ser más tácita, es la que sabiendo que nuestros niños y niñas están padeciendo alguna dificultad, miramos a otro lado. Las familias que por alguna razón, que no pongo en tela de juicio de ninguna manera, cada uno sabe el por qué, cada uno sabe su dolor; no tomamos las medidas necesarias para que nuestro niño o niña pueda desarrollarse en el ambiente que crece de una manera más acogedora y acompañada.
Sin sobreproteger, pero si cuidar.
Sin negar, pero si observar.
Sin maltratar, pero si corregir.
El amor son límites, el amor ve la realidad tal cual es.
Cuando el amor niega la realidad de lo que sufren nuestros hijos, de lo que vive el entorno dónde crecen nuestras hijas, esto se llama violencia invisible.

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